
¡Entre el Éxito y el Fracaso!
Buscamos incansablemente el éxito en la vida. Soñamos alcanzarlo
desde nuestra niñez y luchamos por él al ser adultos. Planeamos el éxito
para cada una de las áreas de nuestra vida. Es una constante y ardua
lucha por avanzar, incluso sin ver quien queda en el camino. En este
trayecto, a veces, perdemos la capacidad de libre elección. Únicamente
pensamos la manera de llegar a la cima. Soñamos con ganar mucho dinero,
poseer bienes materiales y riquezas. Otros planean ser prestigiosos y
obtener el reconocimiento de los demás. Tal vez tu sueño haya sido el
tener una familia feliz. Pero a veces nos sentimos fracasados y
frustrados al no poder lograr el éxito. Entonces la vida nos parece
carente de sentido y creemos estar emocionalmente muertos. Hasta
llegamos a pensar que Dios mismo nos rechaza. Esa batalla entre la
elección del bien y del mal es constante en nuestras vidas.
La Biblia nos revela que existen tres tipos de leyes: leyes humanas,
leyes naturales, y leyes espirituales. Dios mismo expresa lo que siente
por ti en 3º Juan 2 de esta manera: “Querido hermano, oro para que te
vaya bien en todos tus asuntos (refiriéndose a las leyes humanas) y
goces de buena salud (refiriéndose a las leyes naturales), así como
prospera tu alma (refiriéndose a las leyes espirituales). El hombre ha
creado cientos de reglas y métodos que rigen nuestra vida a cada
instante, ellas forman nuestras leyes humanas, como por ejemplo, las
normas de tránsito, las leyes judiciales, comerciales y muchas otras.
Conducimos por la ciudad guardando las reglas de tránsito, ganamos
dinero en los comercios, pagamos nuestros impuestos, elegimos nuestros
gobernantes, etc. Todo esto sujetos a las leyes vigentes. La misma
naturaleza tiene sus propias leyes y estas deben ser respetadas. La ley
de gravedad se cumple naturalmente nos guste o no. El tiempo es parte de
la naturaleza. Se suceden el día y la noche, las estaciones del año,
etc. La naturaleza tiene sus leyes. Dios también tiene leyes y ellas
están reveladas en la Biblia, que es la Palabra de Dios para toda la
humanidad. Pero desde la creación del mundo, el hombre se ha propuesto
transgredirlas constantemente. La manera de infringir la ley de Dios es
el pecado. Al pecar, quebrantamos las leyes divinas. Pensamos que estas
leyes perjudican nuestras vidas, cuando en realidad nos ayudan. Ellas
fueron creadas por Dios para bendecirnos. Al desobedecer las leyes de
Dios, en lugar de éstas ser bendición para nuestra vida, se transforman
en un problema. La licencia de pecar a voluntad no es libertad, sino un
camino hacia la esclavitud. Los humanos no entendemos que el pecado es
la barrera que separa al hombre de la bendición de Dios.
La Biblia explica claramente que es necesario quitar esa barrera para
que la bendición de Dios sea real en nuestras vidas, nuestro hogar y
sobre nuestra nación. Jesús nos enseña en Su Palabra (…) que había un
hombre que necesitaba ser sanado. Cuatro amigos llevaron este hombre
delante de Jesús para que El lo sanará. Jesús antes de sanarlo declaro
ante el asombro de todos: “tus pecados te son perdonados”, y luego de
ser cuestionado por muchos le dijo al paralitico “levántate toma tu
lecho y vete a tu casa”, al instante el paralitico fue sanado después de
mucho tiempo de sufrimiento. Como yo muchos se preguntarán ¿porqué
Jesús le perdono los pecados antes de sanarlo?, la respuesta es clara:
Jesús no podía sanar a aquel hombre si primero no quitaba la barrera que
impedía que el recibiera la bendición de Dios. Entre Jesús y aquel
hombre había una barrera que los separaba, y esa barrera se llamaba
PECADO.
Para que tu vida sea cambiada por el poder de Dios es
necesario que te alejes del pecado y comiences a vivir una vida de la
mano de Jesús. Jesús quiere ayudarte a cambiar tu vida y que te vaya
bien en todas las cosas, pero es necesario que quitemos esa barrera que
nos aleja de El.
Si quieres quitar esa barrera repite esta oración:
“Jesús yo me arrepiento de mis pecados y a partir de hoy quiero comenzar
a vivir mi vida de tu mano y bajo tu consejo, ven a mi vida Jesús por
que yo te necesito. Amen”
Carlos Annacondia
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