El Dios que transforma el mal en bien
Un hombre le contaba a su amigo lo que le había sucedido el día anterior. "Me desperté", le dijo, "a
las cinco de la mañana con el recuerdo fresco de un sueño en la mente.
El sueño había sido muy sencillo: consistía en un enorme número 5,
hecho de oro y diamantes. Me levanté de inmediato. Me tomé una ducha
de cinco minutos, y me puse el quinto traje que encontré en el armario."
"Tomé el autobús número 5 para ir al hipódromo y aposté $555
al quinto caballo que corría en la quinta carrera. Con ansias, me quedé
esperando el final de la carrera." "¿Qué pasó?" le preguntó su amigo. "¿Ganó tu caballo?" "No", le respondió el primero, "quedó en quinto lugar".
Obviamente, como nos ilustra la historia, no todos los sueños se
cumplen. No todos los sueños son de Dios. Sin embargo, algunos de
ellos lo son. Es más, hay ciertas cosas que marcan un sueño que viene
de Dios. Hoy vamos a considerar la vida de un hombre que tuvo sueños, y
también interpretó los sueños de otros. Su vida nos enseña varias
lecciones importantes. El se llamaba José.
José nació como el penúltimo de doce hermanos. Su padre lo
consentía mucho, y como resultado, sus hermanos le tenían mucha envidia a
José. En cierta ocasión, José tuvo un par de sueños. El soñó que
estaba trabajando con sus hermanos en el campo atando gavillas, cuando
de repente, su gavilla se levantó. Las gavillas de sus hermanos se
juntaron alrededor y le hicieron reverencias.
También soñó que el sol, la luna y once estrellas le hacían
reverencias. Cuando José les contó estos sueños a sus hermanos, ellos
se dieron cuenta de inmediato cuál sería su significado. ¡Al parecer,
José pensaba que él algún día gobernaría sobre ellos! No les gustaba la
idea para nada, y hasta lo llegaron a odiar. Su envidia de él se hizo
aun mayor.
¿Cómo podemos saber si un sueño es de Dios? Veo tres
características que marcan los sueños que vienen de El. En primer
lugar, cuando un sueño es de Dios, redunda en bendición para otros.
Esto no es muy obvio en el caso de los sueños de José, pero se hará más
obvio conforme la historia progresa. Cuando Dios nos da un sueño, por
lo general es un sueño que traerá bendición a otros.
En segundo lugar, un sueño que viene de Dios recibe confirmación.
Cuando tenemos sueños que simplemente surgen de nuestro subconsciente,
no reciben ninguna clase de confirmación. Pero cuando podemos
identificar alguna confirmación en nuestra vida, en la Biblia o en
oración, es más probable que el sueño sea de Dios.
En tercer lugar, un sueño que viene de Dios resultará en su
gloria. Resultará en la gloria de Dios. Como veremos cuando lleguemos
al final del relato, los sueños de José trajeron gloria a Dios. Los
hermanos de José pensaron que él mismo se estaba exaltando, pero resultó
ser que Dios mismo se iba a glorificar en él.
La envidia de los hermanos de José llegó a tal grado que
empezaron a buscar la manera de deshacerse de él. En cierta ocasión, su
papá lo envió a buscar a sus hermanos, quienes estaban apacentando las
ovejas de la familia cerca de un pueblo que se llamaba Siquén. Cuando
por fin los encontró, algunos de ellos querían matarlo; pero a uno se le
ocurrió la idea de venderlo como esclavo a unos mercaderes que pasaban
por allí rumbo a Egipto.
Los traficantes se llevaron a José, y sus hermanos le llevaron a
su padre una túnica especial que le había regalado a José. Lo llenaron
de sangre de un animal, y se lo llevaron a su padre diciéndole que un
animal salvaje había matado a José. Su padre se quedó lamentándolo, sin
saber que su hijo estaba vivo, en el país de Egipto.
En ese lugar lo compró un hombre llamado Potifar, pero José no
duró mucho tiempo en su casa. Aunque fue un buen trabajador, y su amo
le tuvo mucha confianza, la esposa de su amo le echaba el ojo a José.
Era un joven apuesto, y ella quería tener algo con él. Pero José, por
respeto a su amo y a Dios, se negaba.
Por fin un día ella le insistió tanto que él salió huyendo del
cuarto, dejando en manos de la mujer la bata que llevaba. Cuando llegó
su esposo, la mujer le dijo que José la había acosado a ella, pero ella
se resistió. Como prueba, le mostró la bata que José, según ella, había
dejado en su cuarto cuando la acosó. Y José se encontró injustamente
encarcelado.
Estando en la cárcel, se podría haber puesto a lamentarse.
Después de todo, sufrió una gran injusticia. El no debía estar allí.
Sin embargo, la respuesta de José fue otra. El se mostró capaz y
responsable, y le dieron un cargo en la cárcel también. Fue allí donde
se presentó la segunda pareja de sueños.
Esta vez, no fue José el que tuvo los sueños, sino dos de sus
compañeros de cárcel. Uno de ellos había sido el copero, y el otro el
panadero del rey. Por diferentes razones, habían caído bajo el
desapruebo del rey, y ahora se encontraban en la cárcel. Pero ambos
tuvieron sueños relacionados con sus anteriores trabajos, y querían
saber lo que significaban.
José los vio preocupados, y les preguntó qué sucedía. Ellos le
dijeron que habían tenido sueños que no habían podido interpretar, ante
lo cual él respondió: "¿No es Dios quien da la interpretación?" Aunque estaba en la cárcel, José no se había olvidado de Dios. Y Dios le dio la interpretación de los dos sueños.
Uno de ellos no era muy bueno. ¡El panadero del rey iba a morir!
Pero el copero, según el sueño, sería restaurado a su puesto. José
sólo le pidió que se acordara de él cuando fuera restaurado, y que le
hablara al rey por él. Ahora bien, antes de ver lo que sucede después,
quiero hacerte una pregunta.
¿Cómo respondes a la oposición que enfrentas? ¿Cómo reaccionas
cuando las cosas se ponen duras, o sufres alguna injusticia? Dios tiene
un destino deseado para cada ser humano, pero cuando le damos la
espalda a El, ese destino no se puede realizar. En cambio, si caminamos
confiando en el Señor, El lleva a cabo en nuestra vida el destino
perfecto que tiene marcado para nosotros.
Como vemos en el ejemplo de José, ese destino no significa que
todo siempre nos irá bien. A José sus propios hermanos lo han vendido
como esclavo, y ahora se encuentra en la cárcel injustamente. Pero él,
de algún modo, sigue confiando en el Señor. ¿Y tú? ¿Podrás confiar en
el Señor en el camino al cumplimiento de tu destino? Si te resulta
difícil, medita en el ejemplo de José.
Bueno, ¿será que el copero se acordó de la promesa que le había
hecho a José? ¿Habló al rey a su favor? Más bien, se olvidó de él por
completo. Durante dos largos años José se quedó en la cárcel, mientras
el copero servía campante en su puesto. Pero un día, el faraón tuvo
también un par de sueños - el tercer grupo de sueños que aparece en la
historia de José.
Nadie se los pudo interpretar, hasta que el copero se acordó de
José. Entonces le comentó al faraón de José, y el faraón lo mandó
llamar. Cuando José apareció ante él, fue capaz de hacer lo que ninguno
de los magos ni sabios de Egipto había podido hacer, porque Dios estaba
con él: le dio la interpretación de los dos sueños que había tenido.
Lo que Dios le había revelado en los sueños era que venían siete
años de buenas cosechas a la tierra de Egipto, pero que después vendrían
siete años de sequía y malas cosechas. José le aconsejó al faraón que
pusiera a alguien a cargo de recoger y almacenar las cosechas sobrantes
de los años buenos, para poderlos usar durante los años malos.
Al faraón le pareció una idea estupenda, y puso a José a cargo de
este proceso. ¡Imagínate! En un solo día José había pasado de ser un
prisionero a ocupar el tercer puesto en todo Egipto. Pasaron los años, y
José almacenó una buena cantidad de comida de las cosechas abundantes.
Pero luego llegaron los años malos, y no sólo en Egipto; todas
las tierras circundantes también tenían malas cosechas. La familia de
José, allá en Canaán, escuchó que había grano en Egipto. Los hermanos
de José fueron a Egipto para tratar de comprar grano para sobrevivir.
Cuando José los vio, los reconoció; pero ellos no lo reconocieron a él.
Entonces se cumplió su primer sueño. Sus hermanos se
arrodillaron ante él, pensando que era algún oficial egipcio. Después
de ponerlos a prueba, él se dio a conocer a ellos. Trajo a toda su
familia, a su padre José y a sus hermanos y sus familias, para que
vivieran en Egipto. Allí había abundante comida, y el faraón les dio
una tierra fértil donde podían vivir.
Los hermanos de José le tuvieron miedo. Pensaban que él se
vengaría de ellos. Pero él les dijo algo muy interesante. Leámoslo en
Génesis 50:20:
50:20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien,
para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.
¿Te das cuenta? Nosotros servimos a un Dios que es tan grande
que El hasta convierte lo malo en bueno. Se vio en la vida de José, se
puede ver en tu vida, y se vio en su máxima expresión en la cruz de
Jesucristo.
Los hombres pensaban deshacerse de Jesús, condenándolo a muerte;
Satanás pensaba que había ganado la victoria. Parecía el peor momento
en la historia del mundo - la muerte del único hombre realmente
inocente. ¡Pero Dios lo convierte en el mejor momento de la historia -
el momento en que la deuda de la humanidad, la deuda de pecado, fue
saldada!
Dime, ¿conoces a ese Dios? ¿Confías en El? ¿Confías en El para
la salvación de tu alma? ¿Confías en El para guiar tu vida diaria?
Puedes confiar en un Dios que lo tiene todo bajo control. Te invito hoy
a entregarte por completo a su cuidado.
Pastor Tony Hancock
No hay comentarios.:
Publicar un comentario